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EL DIVINO HALCÓN DEL UADI EL QURUD.
(Valle occidental o Valle de los Monos)
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Por Teresa Bedman y Francisco Martín Valentín del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto. Madrid. España. Ponencia presentada en el IX Congreso Internacional de Egiptólogos. Grenoble, 7 de Septiembre de 2004.
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La primera mitad de la dinastía XVIII estuvo regida y controlada de un modo u otro por la innegable influencia del dios dinástico por definición: el dios Amón de Tebas. Sin embargo, la determinación de Thutmosis IV de distanciarse del clero de Amón resulta evidente a partir de ciertos documentos de los que es un excelente ejemplo ‘La Estela del Sueño’.[1] En ella se hace referencia al pacto realizado por el rey, cuando aún era príncipe, con el dios Hor-em-Ajet, Jepri, Ra, Atum[2]en virtud del cual le sería entregada la herencia de Gueb y las coronas Blanca y Roja si libraba al dios de los tormentos de la arena del desierto que lo cubría. De este modo dejaba de manifiesto su acercamiento a las corrientes solares en detrimento del expresado monopolio tutelar del clero de Amón sobre la realeza de la dinastía XVIII. Parece que la preocupación del rey por proclamar su legitimidad para ocupar el trono también fue objeto de diversas manifestaciones. Siempre consta en las inscripciones que las señales divinas que lo distinguían como heredero sucedieron ‘cuando era un niño’- ist Hm.f m inp(w) -[3]. De este modo parece querer subrayar su mejor condición sobre los otros hijos de Amen-Hotep II[4], aunque todos los indicios apuntan a que, sin la previa desaparición física de sus hermanos mayores, probablemente él nunca hubiera sido coronado rey de Egipto. Una de las indudables imposiciones del clero de Amón sobre los monarcas de la dinastía XVIII fue la de hacerse enterrar en la necrópolis elegida al efecto en la orilla occidental de Tebas. En efecto, y en consecuencia, el Valle de los Reyes, el uadi conocido en árabe como ‘Biban el Muluk’, o ‘Puertas de los reyes’ fue el lugar de enterramiento de casi todos los monarcas del Imperio Nuevo, albergando en su interior cincuenta y ocho tumbas reales conocidas. En él se hicieron construir sus hipogeos la mayoría de los soberanos egipcios durante las dinastías XVIII, XIX y XX, durante el Imperio Nuevo. El catálogo de las tumbas reales conocidas para dicho periodo histórico se completa con las existentes en otro uadi situado algo al oeste del Biban el Muluk, que tiene por nombre en árabe el de Uadi el Qurud, o ‘Valle de los Monos’, probablemente en referencia a las representaciones de simios existentes en la Tumba de Ay.[5] En los ámbitos egiptológicos, este uadi es conocido como el ‘Valle occidental’, por referencia al Valle de los Reyes, y en él se encuentran localizadas las tumbas siguientes: WV 22, iniciada por Thutmosis IV y, finalmente ocupada por Amen-Hotep III; WV 23, probablemente construida para Tut-Anj-Amon y ocupada finalmente por Ay; WV 24, anónima; WV 25, inacabada, probablemente iniciada al principio del reinado de Amen-Hotep IV y abandonada con motivo de la fundación de la ciudad del Horizonte del Aton, en Amarna, más otra anónima catalogada como la WV A.[6] Todas las tumbas excavadas en este valle que tienen propietario asignado pertenecen al periodo que oscila entre los reinados de Thutmosis IV y de Ay. Por lo que hasta el momento sabemos, este emplazamiento nunca había sido utilizado para excavar tumbas reales hasta que Thutmosis IV inició la construcción de la que luego sería la de Amen-Hotep III, la WV 22.[7] También parece que, después del reinado de Ay, el pequeño valle fue abandonado como lugar de enterramiento de los soberanos egipcios, retornándose a la tradición habitual de hacerse excavar las tumbas en el Valle de los Reyes. Este extraño hiato en las tradiciones funerarias reales del Imperio Nuevo coincide en líneas generales y de modo muy evidente con el periodo de alejamiento entre la Casa Real y el clero de Amón, que se inicia con toda certeza con la subida al trono de Thutmosis IV, y concluye con la restauración de los cultos tradicionales, después del periodo amárnico.[8] Si bien, Ay, sucesor de Tut-Anj-Amon se hizo enterrar en la WV 23, no es menos cierto que, en origen, dicho hipogeo parece que estaba destinado a ser el lugar de descanso eterno del segundo. En todo caso, este anormal capítulo en las costumbres funerarias reales del periodo, se cerró definitivamente bajo el reinado de Hor-em-Heb, quien se hizo construir su tumba, la KV 57, en el Valle de los Reyes. De esta manera, parece claro que la elección del Valle Occidental por el conjunto de soberanos que rigieron los destinos de Egipto durante el último periodo de la dinastía XVIII para ubicar sus moradas de eternidad, debió obedecer a algún tipo de designio político y religioso cuyo trasfondo parece estar suficientemente claro. La necesidad sentida por Thutmosis IV de reforzar su ascenso al trono con el apoyo de los antiguos cultos solares está admitida por los investigadores.[9] Este parece ser el punto de inflexión de la nueva orientación política que llevaría a los reyes que le sucedieron, a ocupar el valle occidental como lugar de reposo eterno. Probablemente se quería mostrar con un gesto decisivo que, de este modo, se apartaban de la línea de sumisión al dios Amon que había predominado hasta dicho momento durante toda la dinastía. Sabemos que Thutmosis IV ordenó iniciar las obras de excavación de la WV 22 con la evidente idea de hacer de ella su tumba pero, finalmente, fue enterrado en la KV 43.[10] Deducidos los motivos por los que estos reyes decidieran abandonar el Valle de los Reyes como su lugar de enterramiento, queda por aclarar cuál fuera el fundamento para elegir exactamente como nuevo emplazamiento funerario el Uadi el Qurud. Es obvio que, si la finalidad de la decisión del rey para cambiar el emplazamiento de su tumba hubiera sido exclusivamente la de abandonar el Valle de los Reyes, a cambio de cualquier otro lugar de la necrópolis tebana, la abundancia de antiguas torrenteras secas, situadas alrededor del Valle de los Reyes, debería haber permitido a Thutmosis IV haber seleccionado tal lugar con mucha facilidad. Pero esta trascendente decisión estuvo, sin duda, amparada en otro tipo de consideraciones. Es sabido que Thutmosis IV buscó señales de la divinidad para justificar sus decisiones. De otra parte, son muchos los ejemplos que a lo largo de toda la geografía egipcia nos hablan de la íntima conexión de un accidente topográfico y la ubicación posterior de un santuario o una necrópolis. Así tenemos que, posiblemente el esperón rocoso donde hoy se erige la Gran Esfinge de Guize hubiera sido modelada toscamente por la acción de los vientos[11], dando a la roca un aspecto de animal vigilante. Es posible que, en esta señal natural vieran los sacerdotes del Imperio Antiguo la conexión perfecta para levantar en esta zona los complejos funerarios de los faraones de la dinastía IV. Además, ya se ha visto la importancia que para Thtumosis IV tuvo esta imagen identificada en su época con el dios solar Hor-em-Akhet. Otro ejemplo lo localizamos en las remotas tierras de Sudán, allí, en un lateral del inmenso peñón de Guebel Barkal el Dr. T. Kendall ha identificado en un saliente natural de la piedra, una imagen que recuerda a una cobra erguida. Ante esta visión los antiguos sacerdotes consagraron dicho emplazamiento e identificaron la señal divina como el lugar de donde había surgido Amon de Napata por lo que en este punto construyeron un magnífico santuario[12]. Una muestra más, la encontramos en el templo de Ramsés II en Abu Simbel, cuya ubicación y orientación debía coincidir con el reforzamiento de la vitalidad del faraón y paralelamente a la renovación del año y la prosperidad del país[13]. De igual modo, la utilización de los puntos cardinales de la isla de Filae y su situación con la isla de Bigeh permitieron a los sacerdotes de la Baja época la puesta en escena más grandiosas donde representar el mito de Isis y Osiris[14], dando paso a la construcción de un templo en cada lugar donde la diosa Isis había tenido una contracción de su inminente parto. Enfrente de lo que fue la gran urbe de Tebas, en la otra orilla del río, en la zona oeste, alejada de la zona de la inundación y cultivo, se extiende una cadena montañosa con numerosos valles aislados. El punto más alto de este conjunto montañoso es una pirámide natural que recordaba a las antiguas construcciones sagradas de las primeras dinastías. La pirámide, considerada desde siempre como una escalera hacia el cielo y a sus dioses, fue sin duda tomada por los sacerdotes del Imperio Nuevo, como un símbolo y una señal divina. De ahí que aconsejasen la ubicación de la necrópolis real en tan sagrado lugar. Toda esta cadena montañosa estaba dedicada a la diosa Hat-Hor ya que ella era la “Soberana de Occidente”. Pero la pirámide o el Qurn, como se denomina en la actualidad, estaba consagrado en exclusividad a la diosa Meret-seger, “la que ama el silencio”.[15]
Delante del halcón, en el suelo del valle y, relativamente, a la altura de la
entrada a la WV 25, se alza un pequeño farallón de piedra que asume la forma
del jeroglífico
De este modo, y si nuestras apreciaciones fueran ciertas, estaríamos en presencia de una serie de hechos vinculables que permitirían argumentar que, si la primera tumba que se excavó en el Valle Occidental lo fue por órdenes de Thtumosis IV (WV 22) y si, como todo parece indicar, existe al fondo del valle un claro fenómeno de topografía sagrada, que podría ser una representación del dios Hor-em-Akhet, la conclusión aparece clara: fue el descubrimiento de dichos fenómenos orográficos, el que permitió elegir un nuevo y diferente emplazamiento para ubicar los enterramientos de los reyes que habían decidido apartarse de la sumisión al clero de Amón. Esta conclusión tiene, creemos, también su apoyo documental. Se trata del fragmento de inscripción recogido en el naos CG 70002 del Museo Egipcio de El Cairo[19] que, a continuación se transcribe:
1
ist
gm n Hm.f inr pn m Entonces se encontró por Su Majestad esta piedra con
2
sxr bik nTry; iw f
(m) inpw[20]
la forma del halcón sagrado; él (era) un príncipe (lit. infante real).
3
ist wD.n n.f Imn irt Entonces, Amón le ordenó ejercer
4
nsyt tA.wy m Hrw
kA nxt twt xaw la realeza de las Dos Tierras como: ‘el Horus, Toro-poderoso-perfecto-de- apariciones-radiantes’,
5
nb xaw (mn-xpr.w-ra) di anx
mi ra. ‘El-Señor-de-las-apariciones-radiantes (Men-Jeperu-Ra), dotado de Vida, como Ra’
Tampoco se indica en la publicación el lugar de hallazgo de la pieza, si bien la mención al mandato del dios Amón en orden al ejercicio de la realeza por Thutmosis IV, podría avalar su procedencia del templo de Karnak, o sus alrededores. La inscripción parece referirse al hallazgo de ‘una piedra o roca con la forma del halcón sagrado…’, lo cual podría muy bien referirse a nuestro halcón en el Uadi el Qurud. Una apreciación más realizada sobre la observación del terreno permite afirmar que el halcón de piedra se encuentra orientado en dirección al lugar donde se abre la entrada de la WV 22, y, más precisamente, hacia la cámara del sarcófago de dicho hipogeo.
En conclusión, estamos en disposición de poder afirmar que la elección de Valle del Oeste como lugar de enterramiento de los reyes a partir de Thutmosis IV tiene su fundamento en la existencia de un claro fenómeno de topografía sagrada representado por el halcón de piedra existente al fondo del Uadi el Qurud, y que dicho lugar fue utilizado para la excavación de tumbas de todos los reyes del periodo entre Thutmosis IV y Ay, si bien hay que tener en cuenta que, de una parte, el paréntesis amárnico hizo que la tumba de Amen-Hotep IV/Aj-en-Aton en dicho lugar (WV 25) no se concluyera y, de otro, que la tumba inicialmente prevista para Tut-Anj-Amon (WV 23), fuera usurpada por Ay. Con la subida de Hor-em-Heb al poder y la reinstauración completa del poder del clero de Amón cesó la construcción de hipogeos reales en el Uadi el Qurud. [1]
Helck, Urk. IV, 1539c-1544. [2]
Ibidem, 1542, 16-17; 1543, 1-12. [3]
Ibidem, 1541, 1. [4]
Bryan, B. Op. Cit. 1991, 64-72. Der Manuelian, P. Studies in the Reign of Amenophis II. HÄB, 26, 1987, 180. [5]
Belzoni, G.-B. Narrative of the Operations and Recent Discoveries within the Pyramids,
Tombs and Excavations in Egypt and Nubia. London, 1822. [6] Reeves, C. N. Valley of the Kings. The decline of a royal necropolis. London, 1990. [7] Carter, H. MSS, I. A. 123 y ss. (año 1915). [8] Martín Valentín, F. Amen-Hotep III. El esplendor de Egipto. Madrid, 1998, 278-284. [9]
Bryan, B. The Reign of Thutmose IV. Baltimore & London, 1991. 149-150,
350. [10]
Kondo, J.- ‘A Preliminary
Report on the Re-Clearance of the tomb of Amenophis III (WV 22)’ . En 'After Tutankhamon: Papers Presented at an International Conference on
the Valley of the Kings. Highclere
Castle. 15-17 June 1990'. London, 1992. Cuando Howard Carter excavó en
la tumba en el año 1915, encontró
cinco depósitos de fundación en su entrada
con piezas que llevaban el nombre de Thutmosis IV. El equipo de la
Universidad de Waseda ha encontrado el sexto, que contenía modelos de
herramientas de madera, placas de fayenza con el cartucho de Thutmosis IV y
otros objetos. [11] Siliotti, A: Guía de las Pirámides de Egipto. Barcelona, 1998, 64. [12] Desroches Noblecourt,C : Las ruinas de Nubia, Barcelona, 1997, 355. [13]
Ibidem, 336. [14]
Ibidem. [15]
Reeves, N y Wilkinson, R: Todo sobre
el Valle de los Reyes, Barcelona, 1998, pág.17; Petrie, W.M.F: La
religión de los antiguos egipcios. Barcelona,
1998, 40. [16] Bedman, T. ‘El Valle de los Monos. Un ejemplo de topografía sagrada en el Antiguo Egipto’. BAEDE 10 (2000), 107-115. [17]
Las coordenadas de su situación, según la cuadrícula del Mapping Theban Project son, aproximadamente, N. 99,255, E. 99,246. Cfr.
Weeks, K. R. Atlas of the Valley of
the Kinas. El Cairo, 2000. West
Valley. Sheet 2/72-WV (1/1). [18] En la ‘Estela del Sueño’ Thutmosis IV emplea el epíteto de ‘Amado de Hor-em-Ajet’. Cfr. Wb III, 123, 4. [19]
Roeder, G. Naos 70001-70050, Catalogue
General. Leipzig, 1914. Tafel 8b
y 62d. # 57-61, pág. 11. Helck, Urk.
IV, 1565, 1-6. [20]
Contrastar con fragmento del texto de la ‘Estela del Sueño’. Urk
IV, 1341, 1. ist Hm.f m inpw mi Hrw m bit [21]
Roeder, G. Op. Cit. 1914, 11. ‘Naos von
Thutmosis IV. Für Ptah ?’ [22] Ibidem, Tafel 62d. |