GIZEH
Las
tres pirámides de Gizeh, pertenecientes a la IV dinastía, se perfilan
en el horizonte tan pronto como se ha cruzado el suburbio de El Cairo
que les da su nombre y según se avanza en dirección suroeste a lo
largo de Sharia al-Ahram o Avenida de las Pirámides. La historia del
lugar, sin embargo, se remonta mucho más lejos, al menos hasta el
reinado del faraón Ninetjer de la II dinastía, cuyo nombre aparece en
algunos sellos de jarras hallados en una tumba en la parte meridional
del yacimiento. Una tumba anterior aún, perteneciente al reinado del
faraón Wadj, de la I dinastía, fue localizada al sur del área,
habitualmente descrita como la necrópolis de Gizeh.
El
sitio se divide naturalmente en dos grupos bien definidos que se
asientan sobre un terreno más alto y separados por un ancho uadi. La
primera unidad, la más extensa e importante, está formada por las pirámides
y por los campos circundantes de las mastabas particulares. Los templos
del valle, pertenecientes a las pirámides, y la Gran Esfinge con los
templos adyacentes, están situados al pie de esa meseta elevada. El
grupo más pequeño y de menor importancia sólo lo componen tumbas
particulares y se alza sobre una cadena de montículos, al sudeste.
El complejo piramidal de Jufu (Keops) La pirámide de Jufu, generalmente conocida como la “Gran Pirámide”, es tal vez uno de los monumentos más famosos del mundo. Su majestuosa mole y la perfección de su estructura le han convertido en el centro de atención de quienes visitan la zona de Menfis desde tiempo inmemorial. Casi con toda seguridad el contenido original de la pirámide fue saqueado durante el período de inestabilidad política y de convulsión social que siguió al colapso del poder central de los faraones, al finalizar el Imperio Antiguo, pero no hay testimonios fehacientes en ese sentido. El aprovechamiento de los bloques decorados de Jufu empezó ya e el-Lisht, durante el reinado de Amenemhat I. Los exploradores modernos hallaron vacía la Gran Pirámide, con sólo el macizo sarcófago de granito en la cámara funeraria del tercer plano de la construcción, que indicaba su propósito original.
El templo del valle está en parte sepultado bajo las casas de la aldea moderna de Nazlet el-Simman, sin que existan muchas probabilidades de recuperarlo en un futuro inmediato La calzada, perceptible en los viejos mapas del lugar y que todavía podía verse en el siglo XIX, desapareció asimismo con el crecimiento de la aldea moderna. Sólo un sendero de pavimento basáltico frente a la cara oriental de la pirámide señala la posición del templo piramidal. Tal vez Jufu fracasó en el intento de procurarse un lugar seguro en el que su cuerpo pudiera descansar eternamente, peor sí que parece haber triunfado por completo en su empeño por construir un monumento casi indestructible. El interior de la Gran Pirámide (véase la sección ) muestra cómo el plano inicial experimentó al menos dos cambios en el proceso de construcción. El visitante actual penetra en la pirámide por una abertura realizada por orden del califa Maamún en el siglo IX d.C., y que está situada por debajo y algo al oeste de la entrada originaria. El pasadizo descendente conduce a la cámara funeraria del primer plano, por debajo del nivel del suelo. Antes de que ese primer plano estuviera terminado, el proyecto se amplió y experimentó un cambio que dio paso a la cámara mortuoria del plano segundo, que está situada en la masa de la pirámide y a la que se llegaba por pasadizos ascendentes y llanos. Pero otro cambio de proyecto obligó también al abandono de esa idea, y así el pasadizo ascendente se prolongó con la gran galería hasta alcanzar la cámara sepulcral del plano tercero. La gran galería, con su alto techa de hiladas superpuestas, constituye tal vez la parte más impresionante de todo el interior. Uno de sus objetivos fue probablemente el de proporcionar espacio para almacenar los bloques de granito a los que se les hacía deslizar por el pasadizo inclinado para cerrarlo definitivamente después del funeral. Los frecuentas cambios de planos no resultan tan difíciles de entender, si se tiene en cuenta que los arquitectos se enfrentaban al imposible cometido de tener listo todo el complejo para recibir el entierro cuando ocurriese la muerte del faraón, pero sin que pudiesen predecir con certeza su “fecha de terminación”.
Estaban aún por inventar mecanismos tan simples como las poleas o los carros de ruedas, por lo que los problemas relacionados con el traslado y elevación de pesados bloques de piedra debieron ser enormes. Fue necesario emplear al menos a tanta gente como la que manejaba directamente los bloques de piedra, para realizar los trabajos auxiliares, como la construcción de rampas inclinadas por las que empujar los bloques, el mantenimiento de las herramientas, la provisión de alimentos y agua, etc. Dada la incertidumbre acerca de los métodos que los egipcios emplearon realmente, cualquier estimación sobre la cantidad de mano de obra empleada, no pude pasar de una mera hipótesis. El
volumen total de la empresa, el cuidado con que se proyectó y llevó a
término la estructura, el hecho de que no exista recuerdo alguno de que
jamás haya sido depositado algún cadáver en la Gran Pirámide, y la
idea aparentemente absurda de que el propósito de todo ese despliegue
no hubiera sido otro que el de proporcionar una tumba a un individuo,
han atormentado durante largo tiempo a los especialistas casi tanto como
a los aficionados. El interés no parece haber decrecido tampoco ahora,
aunque por desgracia no todos los “estudiosos” de la Gran Pirámide
siguen unos métodos estrictamente científicos; el estudio esotérico a
la pirámide se denomina por lo general “piramidología”. Sin
embargo, sería falso sostener que los egiptólogos han resuelto todos
los problemas relacionados con ésta y otras pirámides.
A
comienzos de la década de 1950 se hizo un descubrimiento notable. En un
hoy rectangular, cerca de la cara sur de la pirámide de Jufu, fueron
hallados elementos de un barco de madera desguazado. En un ambiente herméticamente
cerrado dichos elementos se habían conservado muy bien, y el barco, con
más de 40 metros de eslora y un desplazamiento aproximado de 40
toneladas, ha sido montado de nuevo, aunque todavía no sea accesible a
los visitantes. Se conoce la localización de otro foso, que casi con
seguridad debe de contener otro barco; pero todavía no ha sido abierto.
Tal vez los barcos se utilizaron para transportar el cadáver del faraón
difunto hasta el lugar de su purificación y embalsamamiento y,
finalmente, al templo del valle.
El
complejo piramidal de Jaefra (Kefrén)
El
templo del valle, dentro del complejo de
Jefrén y cercano a la
Gran Esfinge, es una construcción de magnífico diseño con una
sobriedad que, faltando casi por completo la decoración, radica en el
efecto que produce el revestimiento de granito pulido de las paredes de
sus estancias y de sus suelos de calcita. En una de las estancias hay un
hoyo conteniendo una serie de esculturas de Jefrén en diorita de
tonalidades grises, depositadas allí en época posterior, y entre las
cuales se cuenta la estatua egipcia probablemente más famosa, que
muestra al faraón sentado con un halcón posado en el respaldo del
trono.
El complejo piramidal de Menkaure (Mikerinos) El
complejo piramidal de Men-kau-Ra, otro faraón de la IV dinastía,
aparece un tanto empequeñecido por las otras dos construcciones de
Gizeh. Aunque terminado a toda prisa con adobes, su templo del valle
presentaba una soberbia colección de estatuas reales. Algunas formaban
tríadas (grupos de tres figuras) y presentaban al faraón acompañado por la diosa menfita Hathor y por distintas personificaciones
de los nomos o provincias de Egipto. En él se encontraba también una
doble estatua erguida del soberano con una de sus esposas; la primera de
este tipo en la escultura egipcia.
La
pirámide (conocida como la “Pirámide Tercera”) fue reamueblada,
probablemente durante la XXVI dinastía, cuando se reavivó el culto de
los faraones sepultados en Gizeh. El sarcófago de basalto, hallado en
la cámara sepulcral, se perdió desgraciadamente en el mar cuando era
trasportado a Inglaterra, con lo que no pudo verificarse su fecha; pero
restos de un sarcófago de madera, que pretendía ser de Men-kau-Ra,
fueron ciertamente depositados en la pirámide unos mil ochocientos años
más tarde. Una inscripción descubierta en 1968 sobre los restos del
revestimiento cercano a la entrada de la pirámide probablemente se
refiere a ese antiguo y notable esfuerzo de restauración.
Tumbas
privadas
Cerca
de cada uno de los complejos piramidales hay campos de tumbas
pertenecientes a funcionarios y sacerdotes. Esa proximidad se explica
por el hecho de que muchas de tales tumbas eran regalos del mismo faraón,
estaban construidas por artesanos reales y se beneficiaban con la
distribución de las ofrendas llevadas a los cercanos complejos
piramidales. Un gran número de gentes enterradas en dichas tumbas
estuvieron relacionadas con la necrópolis de Gizeh, por haber ejercido
en vida funciones sacerdotales.
Los
campos de mastabas más extensos son los que se encuentran al oeste, al
sur y al este de la pirámide de Jufu o Keops. Los núcleos de los
campos occidental y oriental, contemporáneos a la Gran Pirámide,
consisten en mastabas construidas en piedra, de dimensiones uniformes y
dispuestas en hileras regulares. Esos campos continuaron utilizándose
durante el Imperio antiguo, introduciendo a menudo tumbas menores entre
las grandes mastabas. Las canteras, al sudeste de las pirámides de Jefrén y Men-kau-Ra, con su superficie rocosa artificialmente creada,
proporcionaban unas condiciones ideales para las tumbas excavadas en la
roca, las primeras de este tipo en Egipto.
Una
mastaba típica como la construida en Gizeh durante el reinado de Jufu,
tenía una superestructura construida en piedra, con un plano
rectangular y una superficie ligeramente inclinada. Un pozo abierto a
través de esa superestructura y adentrándose luego en la roca
terminaba en una sencilla cámara sepulcral. Dicho pozo quedaba
permanentemente cerrado luego de que el cadáver fuera depositado en la
cámara mortuoria. La capilla de culto consistía originariamente en una
o dos estancias, construidas con adobes, frente a la cara este de la
mastaba. El elemento principal de esa capilla primitiva era el poste de
una estela inscrita con una representación del difunto sentado a la
mesa y con una lista de ofrendas. Las ofrendas eran depositadas delante
de la estela en determinados días y destinaban delante de la estela en
determinados días y se destinaban al ka o espíritu del difunto.
La tumba no presentaba ningún otro elemento decorativo.
Las
mastabas de Gizeh fueron las primeras tumbas particulares egipcias
construidas en piedra; por lo que nada tiene de sorprendente que el
sencillo diseño original experimentase un rápido desarrollo. Los
cambios más importantes se dieron en la capilla. En algunas de las
mastabas se introdujo una capilla interior, es decir, que la estancia de
las ofrendas y otras habitaciones auxiliares formaron el corazón mismo
de la mastaba, mientras que continuaban construyéndose otras con una
capilla exterior. La losa de la estela fue sustituida por una falsa
puerta, y las paredes de la capilla empezaron a revestirse con fina
caliza y a ser decoradas con relieves.
Las
esposas principales de los faraones, además del mismo soberano,
obtuvieron el privilegio de ser enterradas en pequeñas pirámides,
situadas cerca de la estructura piramidal
importante. Sin embargo, la tumba de la reina Heteferes, esposa de
Snefru y madre de Jufu, hallada al este de la Gan Pirámide en 1915,
careció de una superestructura de cualquier tipo, faltando asimismo el
objeto más importante de la tumba: la momia de la reina. La tumba en su
conjunto da la impresión de ser un reenterramiento apresurado, y cabría
especular simplemente si la tumba original, cercana tal vez a las pirámides
de Snefru en Dahshur, no habría sido saqueada y la momia de la reina
destruida.
La Gran Esfinge El
concepto de esfinge, una criatura con cabeza humana y cuerpo de león,
no fue conocido en Egipto antes del reinado de Radjedef, el antecesor
inmediato de Khefrén. La perfección con que dos elementos tan
discordantes se combinaron a escala gigantesca en la Gran Esfinge
resulta admirable, aunque
sigue estando poco clara la idea que subyace bajo esa creación. El
templo frontal a la misma ofrece una cierta semejanza con los templos
posteriores en honor del sol, que los faraones de la V dinastía
levantaron en Abu Ghurab y en Abusir. Pero no existe documento alguno
sobre el significado religioso de la Gran Esfinge durante el Imperio
Antiguo. Fue sólo casi mil años más tarde, cuando la colosal estatua
empezó a ser identificada con el dios Harmakhis (“Horus en el
horizonte”).
La
arena que tiende a cubrir la Esfinge tiene que ser removida con
frecuencia. Probablemente la primera remoción de que tenemos noticias
fuera la ordenada por el
faraón Thutmosis IV, que dejó un recuerdo de la misma en la denominada
“Estela del sueño”, erigida entre sus dos patas delanteras.
Guiza
desde finales del Imperio Antiguo
Con
el final del Imperio Antiguo pasó también el esplendor y gloria de
Gizeh, sin que nada significativo ocurriera allí durante los
seiscientos años siguientes. Fue sólo en el Imperio Nuevo cuando el
lugar se benefició de la renovada importancia de Menfis (Mit Rahina).
El faraón Amen-Hotep II de la XVIII dinastía construyó un pequeño
templo de ladrillo en honor de Harmakhis, el nordeste de la Gran
Esfinge, que Sethi I amplió más tarde. El sitio se convirtió en un
lugar de peregrinación, siendo varios los faraones y numerosas las
personas particulares que levantaron y dedicaron allí sus estelas
votivas.
Durante
la XXI dinastía, la capilla de las pirámides meridionales de las
reinas en el complejo de Jufu fue reconstruida convirtiéndose en un
templo de Isis, “Señora de la Pirámide”. El templo fue ampliado
durante la XXVI dinastía, y la reposición del mobiliario en la Tercera
Pirámide podría deberse a los sacerdotes de ese templo. Algunas tumbas
aisladas y amplias de ese período se hallan dispersas a lo largo de la
calzada de Jefrén y los portales que conducen a los restos saqueados
de otras pueden verse en la roca que da a la cara occidental de la Gran
Esfinge.
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