LOS TEMPLOS DE KARNAK (I): 

El gran Templo de Amón.

 

Por Francisco Martín Valentín.

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El  lugar donde se encuentran los Templos que constituyen, sin discusión, el conjunto más impresionante y grandioso del pasado faraónico, lleva hoy el nombre de la aldea árabe que ocupa su lugar: KARNAK. Su antigua denominación era “El lugar más perfecto”, o en otros casos “ El trono del doble país”.  

Recorrer los dédalos de esta ciudad santa, contemplar sus bosques de columnas, sus patios, sus estancias, sus obeliscos, sus pilonos, sus deambulatorios y sus corredores, equivale a entrar en contacto con un cúmulo de acontecimientos históricos que golpean nuestra imaginación y nos dejan perplejos. Pero con ser importante esta sensación, no es nada en comparación con la comprensión de lo que, sin duda, flota en el ambiente y pertenece más al mundo de las intuiciones que al de las propias realidades físicas: “Allí se encuentra la gran maquinaria creada por la antigua sabiduría, para hacer marchar el devenir cósmico del mundo.”  

El gran Templo de Karnak. © IEAE

En palabras de Ch. Desroches Noblecourt: “… este mundo de santuarios abandonados recorridos por todas partes (siguiendo la fórmula de los antiguos egipcios. Para hacer referencia a sus lugares santos profanos durante las épocas de desorden y turbulencia), este imperio sagrado donde los más famosos maestros del Mediterráneo Oriental y miríadas de sacerdotes trabajaron  y rezaron; este recinto, que tantas veces recibió el trabajo de los egipcios encargados de edificar, desmontar y renovar las fundaciones anteriores, este vasto lugar santo, donde luchas dinásticas, conflictos sacerdotales, dominaciones, depredaciones y temblores de tierra, precedieron y provocaron su invasión por los escombros y la maleza; estas ruinas grandiosas en parte devastadas, pero no privadas de su alma… constituyen un mundo donde el menos preparado para recibir el mensaje de los templos abandonados desde hace tantos siglos, recibe la descarga de un testimonio imperecedero y percibe confusamente una presencia metafísica ante las siluetas divinas y reales, que parecen surgir de las paredes esculpidas, o delante de los colosos y las estatuas milenarias…”.

Champolion, por su parte, en la séptima de sus “Lettres  d´Egypte  et de Nubie”  ( de 24 de Noviembre de 1828), formuló la impresión que produce dicho conjunto, y que ha quedado como clásica por insuperable: “… allí se me apareció toda la magnificencia faraónica, todo lo que los hombres han concebido como lo más grandioso….; todo aquello que había admirado con entusiasmo sobre la orilla izquierda ( del río), me pareció miserable en comparación con las concepciones gigantescas de las que estaba rodeado…;ningún pueblo antiguo, ni moderno, ha concebido el arte de la arquitectura, a una escala tan grandiosa como lo hicieron los antiguos egipcios. Ellos pensaban como si fuesen hombres de cien pies de alto, y la imaginación que, en Europa se maravilla a la vista de la altura de nuestros pórticos, se detiene  y cae impotente al pie de las ciento cuarenta columnas de la Sala hipóstila de Karnak…”

El conjunto de los templos  de Karnak, está compuesto por tres grupos de edificios separados entre sí por recintos de ladrillo crudo. Contemplados en dirección Norte-Sur son el recinto de Montú denominado igualmente  Karnak-Norte, el del gran templo de Amón, y por último el recinto de Mut. Ambos complejos están estrechamente relacionados entre sí, de modo que el recinto de Amón se comunica con el de Mut por medio de una avenida de esfinges, y el de Montú por medio de su inmediatez física, pues su recinto prácticamente llega a tocar el del templo de Amón.

Es intención del autor de este artículo, examinar y describir todo el conjunto de los templos de Karnak, si bien, dada la enorme complejidad del mismo, en esta ocasión se tratará del Gran Templo de Amón, y los existentes en los recintos de Mut y de Montú.

 

EL GRAN TEMPLO DE AMON

Su recinto forma un inmenso cuadrilátero con un perímetro de 2.397 metros. Sus esquinas se encuentran aproximadamente orientadas hacia los cuatro puntos cardinales. Del total de su superficie el templo propiamente dicho ocupa solamente una doceava parte de la misma. Dicho recinto se comunicaba al exterior por medio de puertas monumentales de piedra intercaladas en la prolongación de los dos ejes, del templo: al Oeste y al Sur, dichas puertas eran pilonos (del I al X), en tanto que al Norte y al Oeste, eran portales de gres de tipo común.

A las cuatro entradas reseñadas, habría que añadir la del templo de Jonsu y la del templo de Opet, una al Sureste, que comunicaba, sin duda, con las construcciones existentes detrás del Lago Sagrado (almacenes de ofrendas, etc.) y la otra al Noroeste.

En las zonas Norte y Este del recinto, hay algunos edificios de poca importancia como algunas capillas de culto a Osiris, el pequeño templo de Ptah, el lugar donde fue encontrado el pequeño tesoro del faraón etíope Chabaka y alguna otra capilla osiriana junto con los templos de Ramses II, el denominado contratemplo de Thutmosis III, y la columnata del Este. La parte Sur, alberga diversos templos, almacenes al borde del Lago Sagrado , y cuatro de los pilonos por los que se sale a la vía procesional que conduce al templo de Mut desde el lago y a través de la avenida de las esfinges. Por fin, en el rincón Noroeste del recinto están los templos del dios Jonsu que comunica con el de la dios Opet.

Es comúnmente sabido que los templos egipcios se construían desde el “santo de los santos” alrededor o hacia delante, de modo que al cabo de los siglos y de ejecutar y construir, lo que realmente se hacía, era añadir y ampliar la entrada o acceso hasta dicho lugar santo. Por ello, aunque el visitante actual contempla en primer lugar los restos más próximos a nosotros en el tiempo, se ha considerado más adecuado proceder al examen del sitio desde su epicentro, desde sus orígenes históricos, como si nos situásemos en el corazón del capullo del gran loto para asistir a su eclosión y apertura final.

 

EL LUGAR EN EL IMPERIO ANTIGUO

Hay motivos para pensar que Karnak existía ya en la III Dinastía. Probablemente se alzó alguna pequeña construcción en las inmediaciones del Lago Sagrado, G.Legrain identificó algunos vestigios de esta época a principios de este siglo. Por otra parte, entre los reyes citados en la pared de la Sala de los Ancestros, proveniente del Aj-Menu de Thutmosis III, están los nombres de los cuatros primeros faraones de la IV dinastía. Dicho monumento confirmaría la existencia de construcciones en dicho lugar, toda vez que la inclusión de nombres de reyes en dicha lista estaba reservada solamente  para aquellos que realizaron obras en el lugar en honor al culto del dios Amón.

 

El IMPERIO MEDIO

De cualquier modo, el nombre de Amón, que por otra parte es citado como un dios secundario en la pirámide de Unas (Textos de las Pirámides), no aparece en escena en Tebas hasta el año 2180 a. de C.  aproximadamente, durante el primer periodo intermedio.

En esta época se produjeron las primeras identificaciones con el dios Min. Una vez confundido el culto de ambos dioses, surge el principio del poderosos dios Amón, apoyado en su momento por los faraones del Imperio Medio que, de origen tebano, tendrán a su cargo la restauración del poder y la monarquía faraónicos del Antiguo Imperio. Durante esta época, el culto amoniano coincide en poder e importancia con el de Montú, si bien Amón sobrepasará a este último; basta observar cómo evolucionan los patronímicos de los faraones (de Mentuhotep a Amenemhat).

En el curso del Imperio Medio, se puede concluir que el culto de Amón está firmemente establecido. El villorrio que era Tebas se ha convertido ya en “la Ciudad”  ( Nywt, en antiguo egipcio). Amen-em-Hat I (XII dinastía) instala la capital del imperio en Tebas y Amón, convertido en un dios dinástico, se beneficia indudablemente de esta situación; en este momento, según todos los autores, se produce el segundo  gran paso en la evolución de su naturaleza divina al ser asimilada al dios solar Re, y adquiriendo de este modo la potencia divina primordial. El templo que tenía dedicado en Karnak el dios, es embellecido de modo incesante por los Amen-em-Hat y los Sesostris.  Buena prueba de ello es la capilla reposadero de fina calcárea blanca, cuya decoración y relieves constituyen una exquisita demostración de refinamiento  del arte del Imperio Medio.

Dicha capilla fue demolida en tiempos de Amen-Hotep III (destruida en términos que hoy no podríamos comprender, pero que, indudablemente, constituía parte de los ritos de revitalización que proporcionaban vida continúa al recinto sagrado del templo, en tanto que esquema cósmico del universo. Dichos restos troceados formaban parte de las fundaciones del III pilono). Pillet  y Chevrier reconstruyeron dicho edificio, recuperando la totalidad de los bloques de calcárea que lo componían.  Se eleva sobre una alta plataforma a la que se sube por dos escaleras que, con ocho escalones cada una, están separadas en su mitad por un plano inclinado y limitadas por los lados con un pequeño muro de cima redondeada. Las fachadas están constituidas por dos pilares en ángulo y otros dos que constituyen el montante de la puerta. Tres arquitrabes juntos, rodeados por un bocel horizontal, descansan sobre estos pilares, que separan tres aberturas  (en el centro de la puerta y a cada uno de sus lados hay una especie de ventana limitada por un parapeto).  Un disco alado decora el perfil de la gola del edificio, y en el interior un pedestal de alabastro, cuyo destino debía ser el de reposadero de la barca de Amón durante las procesiones rituales. Naturalmente, profusos relieves representando al rey en diversos momentos referidos a la celebración de una de sus fiestas Heb-Sed, cubren los pilares y superficies del edificio. El cambio de uso de quiosco permitió, sin duda, su conservación hasta finales de la XVIII dinastía. Desde el punto de vista historiográfico, este monumento es sumamente interesante dado que contiene en sus muros una lista geográfica de los nomos del alto Egipto, que resulta ser la más antigua hallada hasta el momento en Egipto

Por  lo que respecta al templo de Amón, propiamente dicho, han quedado pocos restos pertenecientes a este periodo. La XI dinastía está muy mal representada (apenas algún resto que otro, y un fragmento de inscripción). En cuanto a la dinastía XII, se ha descubierto la existencia de tres umbrales del suelo de granito que constituían el recinto en el cual se encontraba, sin duda, el “Santo de los Santos”. En la última de las estancias estaría la naos colocada sobre una base de alabastro, además de otros restos de elementos arquitectónicos con los cartuchos de Sesostris III (ala Norte  del IV pilono).

 

El TEMPLO EN EL IMPERIO NUEVO

Con el establecimiento de la XVIII dinastía y la creación del Imperio nuevo, sobreviene el gran esplendor del conjunto de Karnak Ahmosis ha dejado pocos restos de sus construcciones (sin duda sus numerosas guerras le impidieron dedicarse a una mayor actividad arquitectónica religiosa). Se ha encontrado, no obstante una estela que bajo el número  34.001 forma parte de los fondos del Museo del Cairo, junto con algún fragmento de monumentos de idéntica naturaleza.  

Estela de Kamose. Museo de Luxor. © IEAE

Con Amen-Hotep I se producen e inician los trabajos más importantes realizados hasta ese momento es de esta época el quiosco de la fiesta Sed de dicho faraón. En los siguientes 400 años, desde Ahmosis hasta el comienzo de la XX dinastía con Ramses III, el templo de Amón no hará más que crecer para tomar el aspecto casi definitivo que hoy nos muestra. Los faraones posteriores, así como los reyes-sacerdotes y sus sucesores se limitarán a ejecutar variaciones, embellecimientos parciales y añadidos de piezas accesorias a la edificación ya conseguida realizando, igualmente, continuas restauraciones de lo hecho anteriormente.

Como se decía más arriba, es Amen-Hotep I el primer gran constructor de Karnak. Su nombre se ha encontrado en grandes bloques que formaron parte de un grandioso monumento, compuesto de diversas capillas. Dichos bloques fueron reutilizados por Thutmosis III en el Norte y en el Sur de los pasillos que rodean la Sala de los Anales. Thutmosis I realiza una considerable obra arquitectónica al proseguir y ampliar los trabajos de reconstrucción del templo. Al final de su reinado, rodeaban la cámara del Imperio Medio dos muros rectangulares, separados entre sí por un corredor deambulatorio (de este modo aislaba el recinto sagrado de toda profanación). De estos corredores no queda actualmente más que algún importante vestigio muy mezclado con reconstrucciones posteriores. Uno de los recintos alcanzaba hasta el Oeste del V  pilono en tanto que el segundo terminaba en el IV pilono, estaban adornados con pilares a los que adosaban estatuas colosales del faraón en forma de Osiris. De otra parte, se erigieron columnas de dieciséis caras delante del muro para sujetar una techumbre que reposaba “In antis”  sobre la cima de dicho muro. El rey erigió dos obeliscos de granito (cuyos piramidones estaban guarnecidos de oro), en el atrio del templo y delante de su pilono. De ellos, sólo uno se encuentra en su obelisco inclinado, cuya estabilidad preocupa seriamente a los técnicos del Instituto Franco-Egipcio de Karnak). El patio que separaba los dos nuevos pilonos fue transformado en una sala cubierta que los textos del templo llaman “Uadjit”. Dicha sala, cuyos fines no han podido ser totalmente desentrañados, tenía que ver con toda seguridad con los ritos precisos y necesarios para conseguir la salud y plenitud del faraón, en íntima vinculación con la celebración de las fiestas de jubileo.

Thutmosis II, hijo ilegítimo del anterior, dejó pocas huellas en el lugar. Una simple puerta monumental y el techo de una capilla de alabastro (cuyos restos se han sacado de los depósitos de fundación del III pilono); el fragmento de un obelisco y una estatua de dicho faraón formaban parte de los hallazgos del patio de la cachette.  

Sube después al trono del doble país Hatshepsut apoyada en la regencia del joven Thutmosis III. Algunos textos permiten suponer que el palacio de la reina estaba construido al Norte de una explanada que precedía la entrada del IV pilono. La avenida de las Procesiones fue embellecida con diversas obras de la soberana. Construyó el pilono conocido con el número VII (para reemplazar una puerta hecha de ladrillos crudos de tiempos de Amen-Hotep I). 

 

Reina Hatshepsut. Templo de Karnak© IEAE

Cuando la reina encarga a Sen-en-Mut, su arquitecto, erigir entre los pilonos IV y V ( de Thutmosis I) dos obeliscos en duro granito de Asuán, tales obras –grandiosas por cierto- no son sino una pálida sombra de la idea original de aquélla. La intención primera fue construir dichos obeliscos en electrum (así lo confiesa la inscripción del obelisco), pero tal empresa se mostró irrealizable. Así pues, hubo de conformarse con ordenar la extracción, traslado y erección de ambos monumentos desde las canteras de Asuán. Dichos monolitos se recubrieron con planchas de oro, conforme se puede deducir por las muescas de anclaje de las aristas del que queda en pie. Los trabajos duraron siete meses, tiempo récord  para tal obra. Se conserva de pie el obelisco de  la parte norte, en tanto que de su gemelo tan sólo queda el fragmento superior que se exhibe cerca del ángulo Noroeste del lago Sagrado.

Delante del V pilono había salas de ofrendas de época anterior a la de la reina; ella las reconstruyó aumentándolas un piso; ordenó igualmente, la construcción de una capilla-reposadero para la barca sagrada. Era de cuarcita roja sobre una base de granito negro con cornisa del mismo material (es la célebre  “capilla roja”). A la muerte de Hatshepsut, Thutmosis III toma las riendas del poder. Su reinado es uno de los más prestigiosos del antiguo Egipto, de modo que parece natural se produzcan durante tal época las más importantes obras de Karnak, que permanecerá para siempre marcado por las suntuosas construcciones y transformaciones  que allí ejecutó. Una característica esencial de las nuevas construcciones es la de estar determinadas por ciertas modificaciones de importancia en el ritual del divino Amón. Para empezar, todas ellas tuvieron el común denominador de eliminar o, en todo caso, usurpar las construcciones anteriores pertenecientes a la reina Hatshepsut.  

Capilla Roja de Hatshepsut. Templo de Karnak© IEAE

A la entrada del templo, el rey erigió otros dos obeliscos, cubrió la sal hipóstila (Uadjit) de Thutmosis I, y cubrió prácticamente los obeliscos de la reina con una techumbre de planchas de piedra, dejando tan sólo la parte superior de los mismos a la vista.

Capilla solar de Thutmosis III. © IEAE

En la parte Este del II pilono, la distribución fue remodelada y construyó el VI pilono, que contiene la célebre lista de las naciones dominadas por Egipto (en su cara Oeste; en la parte Norte figuran las ciudades de Asia y en la parte Sur las de África). Se crearon nuevas antecámaras, prolongando los muros de unión entre el V y VI pilonos.  En estas cámaras, totalmente oscuras, se retiraba el dios Amón por la noche (imagen del mundo subterráneo). Sus muros laterales estaban perforados por puertas que comunicaban con los antiguos patios. 

La segunda de estas antecámaras en la que se conoce por “ Sala de los Anales”, en razón de los textos históricos grabados sobre sus muros; en ellos se relatan las expediciones guerreras de Thutmosis III.  

El techo estaba sujeto por admirables pilares heráldicos que, en alto relieve, exhibían las flores emblemáticas del Bajo y alto Egipto (el papiro y el loto). El techo sostenido por estos pilares cubría una capilla de granito rosa para la barca sagrada. Esta edificación ocupó el lugar que anteriormente había utilizado la capilla roja de Hatshepsut. En esta misma sala es donde el rey erigió los dos célebres obeliscos construidos en electrum macizo, que tenían siete metros de altura y un peso de treinta y siete toneladas cada uno de ellos (ese botín fue arrancado del lugar cuando los asirios saquearon el templo en el año 665 a. de C.)  

Este suntuoso conjunto comunica al Norte y al Sur con dos patios porticados, cuyas elegantes columnas fasciculadas estaban guarnecidas de planchas de oro. Podemos imaginar la impresión que produciría la contemplación de un marco tan grandioso revestido de metales preciosos y decorado con numerosas estatuas (hoy sólo quedan las de Amón y Amonet, erigidas por Tut-anj-Amon)

Indudablemente, Thutmosis III debió realizar importantes obras de embellecimiento en el recinto del Santo de los Santos, pero no han sobrevivido a nosotros. Una de las obras más destacables de dicho rey fue la construcción de un nuevo Aj-Menu (llamada impropiamente sala de las fiestas), con motivo de uno de sus jubileos.

El Aj-menu de Thutmosis III. Templo de Karnak© IEAE

Aj-Menu de Thutmosis III. © IEAE

El conjunto de las estancias que componen el Aj-Menu representa una edificación que, en su momento, fue confundida con un palacio real por G.Legrain. Su decoración está compuesta a base de exquisitos relieves que representan al rey en presencia de los dioses. 

Dichas estancias, aparte de cumplir sus fines propios en la celebración de los jubileos reales, estaban destinadas a recibir y almacenar los tesoros del templo, muy numerosos y ricos en esta época, gracias a las campañas guerreras del faraón.  

Al Sur de esta sala una puerta, hoy totalmente destruida, permitía la entrada en una gran galería hipósitila de cuarenta y cuatro metros de ancho por diecisiete de largo.  

Su techo estaba sujeto por dos hileras de diez columnas en forma de postes de tienda de campaña, y otra más formando peristilo con treinta y dos pilares rectangulares de menor altura que las columnas

 

Al Sureste se encuentran las salas del disco Sokar (varias capillas a la derecha y tres salas al fondo; sus techos estaban sujetos por cuatro columnas de dieciséis caras cada una). Contiguas a las anteriores están las salas solares entre las que se encuentra la denominada de “ El Jardín Botánico”. Dicho nombre se debe a la decoración empleada en las hileras de piedra de las bases de las paredes; en ella se encuentran representadas plantas exóticas mezcladas con animales (todo ello fue traído de Siria por el rey con motivo de su expedición militar del año XXV). En el ángulo Noroeste de la sala de las fiestas hay una especie de podium, dedicado al culto del sol naciente. A continuación hay un conjunto de salas, decoradas con representaciones rituales, no perfectamente comprendidas aún.

Entre estas últimas está la llamada “Sala de los Ancestros”, cuyos relieves originales fueron llevados a París por Prisse d´Avennes ( hoy se exponen en el museo de Louvre); en su lugar un molde de yeso ocupa las paredes de dicha Sala en el templo de Amón. Thtumosis III presenta en estos relieves ofrendas delante de cincuenta y siete reyes, elegidos entre sus antecesores, que como se dijo anteriormente, habían confirmado u otorgado beneficios al templo.

En cuanto a la finalidad concreta de Aj-Menu significa “permanecer glorioso  o Luminoso”: según P. Barguet este templo tendría como finalidad la regeneración del rey y evocaría el “ciclo eterno de renovación”. El rey recuperaría una nueva juventud por la celebración de los ritos (igual que Amon renace cada mañana resplandeciente y lo hará durante millones de años). El carácter solar de la parte norte de la edificación está subrayado por la presencia de una sala alta donde existen restos de un altar heliopolitano. Una rampa majestuosa permitía acceder a las terrazas del edificio: por ella todos los días los sacerdotes subían la estatua sagrada hasta el techo del templo para exponer la imagen del dios a los rayos del sol naciente. Se sabe, igualmente que celebraban ceremonias con la barca procesional del dios, que se traía en hombros al interior de esta sala, siendo colocada a los pies de la rampa referida.

Para unos autores, éste era el lugar donde la estatua de Amón se recargaba de potencia cósmica por medio de los ritos de la  “Unión al Disco Solar”; para otros era el rey, nuevo Horus, el que renacía a una nueva vida al unirse a su padre Re, por el rito de  “Tocar el Sol” (como Sokar, representación del sol muerto, se convierte en Amón-Re al salir del mundo subterráneo). La erección de una capilla abierta hacia el sol naciente, de la que se conserva la naos y un grupo esculpido que representa al faraón sentado al lado de Amón y la reconstrucción del Templo de Ptah, junto con la construcción de dos obeliscos, constituyeron la totalidad de sus modificaciones en el recinto de Amón. Aparte de dichas obras, embelleció sensiblemente por medio de grandes excavaciones y ampliaciones el Lago Sagrado.

Dichas ampliaciones lo dejaron en las dimensiones que hoy tiene, es decir ciento veinte metros de largo por otros setenta y siete de ancho. La importancia de dichas obras, incluida la construcción de desembarcaderos, denota el relevante papel ritual de dicho lugar. El lago está alimentado por las aguas subterráneas que surgen de las profundidades de la tierra. Vestigio retocado de lo que debió ser un antiguo pantano, era algo más que una pura evocación simbólica. Estaba considerado como el continente de las auténticas aguas primordiales, de las que emergió la primera tierra (el pet-Sut del templo). Dichas aguas eran un reducto de rejuvenecimiento, un elixir de resurrección al igual que las primeras aguas de la inundación cada año. En ellas se ejecutaban las abluciones y baños rituales de los sacerdotes en estado de purificación. Las ocas sagradas de Amón nadaban en su recinto, e igualmente se anclaban allí las barcas utilizadas en las fiestas de navegaciones rituales.

Al final del reinado de Thutmosis III, se produce la corregencia de su hijo Amen-Hotep II, quien se dedicó a concluir y rematar las obras comenzadas por su padre. Edificó un quiosco totalmente destruido después por Aj-en-Aton, reconstruido más tarde por Seti I. Situado al Este del patio que une los pilonos IX y X, dicho edificio tenía su acceso a partir del patio por medio de una rampa que desembocaba en un ancho pórtico con catorce pilares en fachada que sujetaban el techo. El templo, en sí mismo, comprende una sala hipóstila, cuyo techo estaba sujeto por veinte pilares. Igualmente posee seis salas (dos al Norte y cuatro al Sur). Estaba dedicado, como es lógico, al dios Amón (así lo demuestra una estela de falsa puerta dedicada al dios), pero igualmente se ha demostrado que el edificio era un quiosco de fiesta real, conforme se desprende de la decoración de sus pilares.

Entre los últimos hallazgos atribuibles a Amen-Hotep II, se cuenta un destacable bajorrelieve de granito que, descubierto en el III pilono, representa al rey tirando con el arco (se puede contemplar expuesto en los jardines del Museo Egipcio de Luxor).

Thutmosis IV, hijo del anterior, continuó, en cierto modo, la obra de su padre y de todos sus antepasados; más concretamente, construyó frente a la naos en calcárea de la capilla oriental el espléndido obelisco único de  treinta y tres metros de altura (proyecto iniciado por Thutmosis III, fue terminado por su nieto). Hoy podemos verlo en la plaza de San Juan de Letrán en Roma, donde fue erigido en el año 1587, aunque fue llevado a la capital imperial en tiempos de Constantino II.  

De otra parte, transformó la entrada del templo añadiendo a la puerta del IV pilono seis obeliscos y un porche dorado sujeto por columnas papiriformes. Rodeó este porche, los obeliscos y los pórticos con un amplio patio de la misma anchura que el pilono  (hoy se está tratando de reconstruir dicho edificio para ser expuesto en el Museo  “al aire libre”, creado en el recinto de Karnak-Norte). Este bello edificio fue destruido por Amen-Hotep III para construir en su emplazamiento el III pilono.  

 Thutmosis IV. © IEAE

Con el reinado de Amen-Hotep III se inicia una etapa de construcción dentro del templo que, si bien fue importante, no se puede considerar a la altura del gran constructor que fue. Como se ha dicho, erigió el II pilono del templo, más alto y ancho que los construidos hasta ese momento.

Amen-Hotep III. © IEAE

Sus magníficos relieves debían quedar empequeñecidos entre los seis mástiles de cedro de Líbano chapados de electrum, y la puerta de entrada revestida con planchas de oro (en su centro se podía contemplar la imagen de Amón, con cabeza de carnero ejecutada a base de lapislázuli y piedras preciosas). El suelo estaba recubierto de planchas de plata, que con la oxidación imitaba la tierra negra, esencia de la fecundidad de Egipto y de la renovación del universo. Delante del X pilono se pueden admirar dos inmensos colosos de cuarcita rosa, de los que solamente quedan las bases y los pies, lo que nos basta para hacernos idea de lo exquisito y delicado de la calidad de dichas esculturas.  

En verdad, resta poco de lo edificado por Amen-Hotep III en el templo de Amón, pero es de todos conocidos el colosal escarabajo que en un solo bloque de granito rosa hizo esculpir el rey. Situado en las inmediaciones del Lago Sagrado, su finalidad cultual permanece oscura, pero hoy es objeto de superstición entre la población indígena que cree posee facultades para curar la esterilidad femenina si se dan siete vueltas a su alrededor y se realizan abluciones con las aguas del lago.  

Amen-Hotep IV (Aj-en-Aton) ejecutó diversos trabajos en el lugar, perfectamente definidos en los diversos acontecimientos de su reinado. Concluyó la decoración de la pared Norte del vestíbulo del III pilono con una escena de masacre ritual de los enemigos tradicionales de Egipto.

Al estallar la revolución atoniana, procede a la construcción del santuario de Atón. De este templo conocemos su emplazamiento, algo al Este del propio recinto de Amón, y sabemos que estaba precedido de un enorme patio, cuyas paredes interiores estaban bordeadas por una hilera de colosales estatuas del rey, adosadas a pilares formando una especie de peristilo. Son las famosas “imágenes realistas”del rey, que tanto debieron escandalizar a la ortodoxia de Amón. Destruido hasta sus cimientos al fin del cisma amarniense, sus elementos fueron reutilizados en los depósitos de fundación del IX pilono (los restos encontrados son los célebres “talalat”, cuyo número se calcula en unos 2.600 depositados en capas sucesivas).  

 Emplazamiento del Gemet pa-Item de Aj-en-Aton. © IEAE

La importancia de este hallazgo ha sido relevante. Se trata de relieves inusuales en un templo, muchos de ellos francamente bien conservados. En un estilo diferente, fresco y realista, describen diversas funciones cotidianas de obreros y empleados del templo, así como las clásicas escenas del rey con su familia, adorando y recibiendo vida de Atón. (Es digna de mención la reconstrucción de la pared del Teny-Menu de dicho templo, que se exhibe en el museo de Luxor).  

Durante el reinado de Tut-anj-Amon se construyeron pocos edificios y se ejecutaron escasas obras, dado lo turbulento y corto del mismo. Lo poco ejecutado fue o destruido o usurpado por Horemheb, quien cambió sus títulos por los del joven rey (se puede comprobar en los pedestales de las esfinges de la avenida procesional, entre el templo de Amón y el de Mut). Lo que sí abunda en el templo son estatuas y estelas dedicadas por Tut-anj-Amon y  Ay a la tríada tebana (sin duda erigidas con el deseo de hacerse perdonar sus desviaciones de la ortodoxia).

Hor-em-Heb, frente al dios Atum.© IEAE

Horemheb tiene atribuidos tres de los pilonos existentes en el recinto, el segundo noveno y décimo. Cuando éste falleció, su sucesor, Ramses I, utilizó parte de los muros que rodeaban el patio al que daba entrada este último pilono, y se atribuyó la construcción de ambos. La superficie disponible en los muros de dicho patio fue utilizada y decorada por Seti I.  

El espacio existente entre el II y III pilonos sería destinado posteriormente a la construcción de la Gran Sala Hipóstila.  En tal lugar debió existir una hilera de catorce columnas construida por Amen-Hotep III, que estaban bordeadas por dos muros. Dicha construcción quedó absorbida por la posterior edificación de la referida sala hipóstila. De cualquier modo, el diseño d este patio fue totalmente transitorio. Al iniciarse la XIX dinastía, Seti I y Ramsés el Grande ejecutarán una de las más grandiosas concepciones arquitectónicas del mundo. Esta magnífica Sala de ciento dos metros de ancho por cincuenta y tres de largo, en la que se erigen ciento treinta y cuatro columnas colosales, estaba dedicada a ser reposadero de la barca sagrada de Amón, la cual se detenía en dicho lugar durante las fiestas solemnes cuando abandonaba el recinto del templo.

Esto sucedía fundamentalmente en dos ocasiones. Una, durante la celebración de la denominada “Bella Fiesta del valle”, en la que el dios abandonaba su residencia con gran boato para visitar la ribera occidental con objeto de bendecir a los difuntos y dioses de la necrópolis tebana. La segunda, era con motivo de la llamada “fiesta de Opet”, cuando se dirigía al templo de Opet del Sur (Luxor).

Dicha fiesta celebrada durante los meses de la inundación, cuando mayor altura tenían las aguas del Nilo, era personalmente dirigida y oficiada por el faraón auxiliado por el clero. La barca de Amón salía, como se ha dicho, del templo de Karnak y remontaba las aguas del río hasta el de Luxor. La procesión partía del templo de Opet en el recinto de Amón, en medio del regocijo del pueblo sumado en masa a la misma. La celebración se iniciaba con las ofendas del faraón ante las barcas de Amón, Mut y Jonsú. Ofrecía, purificados  con agua e incienso, ramos de flores, frutos, carnes, aves de corral, vino leche y perfumes.  Concluido el rito de las ofrendas, los sacerdotes cogían en andas sobre sus hombros las barcas divinas, saliendo en procesión hasta el embarcadero (las aguas del río llegan en este momento hasta la entrada del templo). Allí las barcas sagradas eran depositadas en grandes barcazas de un lujo y riqueza insultados (sólo para la construcción de la de Amón P. Montet ha calculado que se utilizaron cuatro toneladas y media de oro). Remolcadas a la sirga río arriba llegaban a Opet del Sur, y allí residía la divina familia durante un período de diez días, durante los que la alegría y la fiesta imperaba por doquier. El contenido de las ceremonias que se practicaban en el Santo de los Santos del templo de Luxor nos es desconocido. La fiesta concluía con el regreso de la Tríada al recinto de Karnak con el mismo ceremonial y esplendor de días atrás.

De todo el conjunto de la Sala Hipóstila, las doce columnas del corredor central son las más grandiosas y dignas de admiración. Sus capiteles papiriformes de estilo abierto soportan enormes arquitrabes que elevan el techo en esta parte central a veintitrés metros de altura. Añadamos que el perímetro de cada columna en su parte superior es de quince metros. El resto de las ciento veintidós columnas papiriformes de capitel cerrado, situadas por mitades a ambos lados del corredor principal, soportan techos un tercio más bajos que el del central; entre ambos techos existía ( y aún quedan restos) una especie de ventanales de piedra calada que permitían la entrada de los rayos solares de un lado a otro del recinto.  

Sus muros y los fustes de las columnas, constituyen las páginas eternas del libro de piedra en cuyos registros se recogen las campañas guerreras de Seti I, de Ramses II, las ceremonias religiosas de culto a diversas divinidades por dichos faraones y, en fin, la mayoría de los nombres de los ramésidas.  

Podemos contemplar la procesión de las barcas, la purificación del rey, la entrega de los cetros por Amón, etc.  En la cara Norte del muro Norte las campañas  victoriosas de Seti I, figurando las de Ramses II en la parte Sur de su muro Sur. Este conjunto debe ser imaginado, para hacerse una aproximada idea de su magnificencia, revestido de su rica policromía que aún se conserva en ciertos lugares de la Sala, sobre todo en los capiteles  y en algunos arquitrabes.  

 

EL TEMPLO A PARTIR DE LA XX DINASTÍA

Los faraones siguientes sólo realizaban en Karnak trabajos de índole menor (excepción hecha de Taharqa rey etíope de la dinastía XXV, que elevó delante de las cuatro puertas del conjunto de Karnak monumentales columnas de propileo de las que constituye una muestra la columna que se alza en el gran patio del templo de Amón).

Ramsés III construyó en Karnak un pequeño santuario (cerca del ángulo Noroeste del III pilono y dos templos más, uno en el recinto de Mut y otro delante del II pilono (al Sur del gran patio). Este templo, bastante bien conservado, se encuentra situado parte en el interior y parte en el exterior del gran patio de Karnak. Los arquitectos de los reyes bubástidas interrumpieron el muro en este lugar cuando construyeron el muro Sur del gran patio. En dicho templo, dieciséis estatuas situadas en el patio representan al rey con vestiduras propias del ritual de la fiesta Sed, mientras que otras cuatro estatuas análogas preceden el vestíbulo-pórtico. El pórtico Sur da acceso a una estancia divida en dos naves por una hilera de cuatro columnas papiriformes con capiteles cerrados. Por dicho lugar se accede a una sala hipóstila cuyo techo está soportado por otras ocho columnas. Por fin el santuario (que propiamente estaba destinado a recibir la barca de Amón), tiene a derechas e izquierda dos salas para las barcas de Mut y Khonsu. Saliendo del templo y en el ángulo Noroeste del gran patio ( casi pegado  a la mitad Norte del I Pilono), se encuentra el templo de Seti II, compuesto de tres capillas, cuyas puertas están encuadradas en cuarcita rosa; este templo tenía también como finalidad ser el reposadero de las barcas de la tríada tebana.

Las obras de los últimos ramésidas son poco dignas de mención por su importancia e interés; pequeñas restauraciones, modificaciones secundarias y, lo que constituye la prueba de su decadencia., la ejecución de textos y representaciones dedicadas a la gloria del sumo sacerdote Amen-Hotep del final de la XIX dinastía, lo que prueba la decadencia de los reyes que a la muerte de Ramses XI traería la subida al trono en Tebas del Gran Sacerdote Heri-Hor.

Como se decía más arriba, el gran patio que recoge los últimos templos descritos alberga, entre otros restos, los de un quiosco gigantesco formado en otro tiempo por dos hileras de cinco columnas con capiteles papiriformes abiertos a una altura de veintiún metros, debiendo sostener un techo de madera o, según otras versiones, un gran velo. Construido por Traga; tiene también los cartuchos de Psámetico II y de Ptolomeo Filopátor.

Las estatuas de carneros alineadas  contra la fachada Sur del gran patio muestran los restos de las reformas llevadas a cabo por los reyes bubástidas, quienes las retiraron de su primitivo asentamiento a la entrada del II pilono, donde existía una avenida de esfinges.

Un rey desconocido construyó el I pilono, que hoy resulta ser la fachada principal del templo de Amón en su parte Oeste. En 1978 nada podía permitir imaginar que debajo de los escombros existentes contra la fachada exterior de este pilono, habría una serie de restos de sumo interés, entre los que pueden contarse una dársena rodeada de muelles, donde venían a desembarcar las naves divinas, así como una tribuna cúbica por encima del nivel de las aguas, además de la avenida de esfinges que encuadraba el pavimento enlosado de una vía procesional.

Después de tantos siglos de esplendor, el saqueo de Tebas por Asarhadón en el año 672 a.de C., seguido del de Asurbanipal en el 665 a. de C., arruinaron el dominio de Amón. Esta labor vandálica se vio completada por el desgraciado terremoto del año 27 antes de nuestra era, que completó la triste labor destructiva del hombre con el hundimiento de techos y caída de columnas. Los emperadores romanos pusieron en marcha restauraciones incompletas y de cualquier manera torpes. En realidad se remitieron más a considerar a Karnak como un almacén donde surtirse de objetos de arte y obeliscos, que fueron trasladados a Roma y Bizancio que a cuidar de reponer y mantener vivo el templo.

El año 383 marca de modo definitivo la aceleración de las destrucciones iniciadas mil años antes al ser suprimidos los cultos paganos por el emperador Teodosio, declarando única religión oficial al cristianismo. Las consecuencias posteriores fueron las naturales de la época turbulenta que vivió Egipto. Los templos desacralizados, sin significado religioso ya, brindaban a los pobladores de la zona, tras sus sólidas edificaciones de piedra, la seguridad que no podían obtener en sus poblados al aire libre; por ello, se establecen dentro de los templos y convierten las salas de aquéllos en iglesias y sacristías. Se muestran visibles los frutos de la saña iconoclasta de los cristianos de la época, quienes martillearon concienzudamente cuantos relieves estaban a su alcance, pensando que las imágenes de los dioses servían de habitáculo a los demonios.

El tiempo, los vientos y las tempestades de arena fueron más caritativos con el dominio de Amón que los propios hombres. Borraron del recuerdo el nombre mismo de Amón y el emplazamiento de su morada, las arenas cubrieron con su manto protector las ruinas, facilitando de este modo el sueño y la protección de sus restos como guardianes intemporales.

Hoy, ciento cincuenta años arduos de trabajo, prácticamente ininterrumpidos, apenas han conseguido borrar del recinto sagrado su aspecto decadente y ruinoso. Pero ¿se puede esperar otra cosa cuando se pretende restaurar la obra ejecutada por verdaderos ejércitos humanos durante cerca de 2.700 años.

En 1967 se creó el Centro Franco Egipcio de estudio de los templos de Karnak, junto con una Misión permanente en dicho lugar, encargada de trabajar a perpetuidad en este inmenso yacimiento. Su labor es indudablemente excepcional, tanto por su calidad, cuanto por su envergadura, pero ¿por qué no hacer a Karnak objeto de la misma colaboración que se produjo para el salvamento de los templos de Nubia? Se echa en falta la participación internacional, porque hoy ya no son admisibles las parcelas privadas en el patrimonio cultural de la humanidad. Y en tal supuesto ¿por qué España no habría de estar representada en tal obra? Técnicos y estudiosos no nos faltan y ya es hora que nos alejemos de los tiempos de nuestro ostracismo en el mundo de la egiptología que necesita de todos.

 

 

BIBLIOGRAFIA:

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BARGUET, P. : "Le Temple d´Amon-Re à Karnak. Essai d´exègese. I.F.A.O. El Cairo 1962

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MONTET, P. : "La vie Quotidiense en Egypte. (XIII-XII Siecles a.J.C.)". Paris 1974

LAUFRAY, J.: “ Karnak d´Egypte. Domaine du divin”.  Ed. C.N:R.S. Paris 1979