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QUE SE ENTIENDE POR EL CONCEPTO MA’AT |
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Por Eryl Heydeman[1] |
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Ma’at el
concepto abstracto del bien, el orden y la verdad de los antiguos
egipcios, personificado como una mujer con una pluma de avestruz en su
cabeza, era considerada como la hija del dios creador Atum-Ra. Hornung,
egiptólogo alemán especialista en religión egipcia, sugiere que el
concepto de Ma’at surge con los “mitos de la creación”[2]
y no está de acuerdo con Adolf Erman, también reconocido egiptólogo
alemán, quien ve a Ma’at como una “simple abstracción”. Hornung
basa su argumento en la hipótesis de que a una “simple abstracción”
no se le habría dado un estado de culto real, con sus propios
sacerdotes y templo en Tebas, con una propiedad consistente en rebaños
de reses (mencionado en la tumba ramésida número 409) y lo que es más
importante no había tenido su culto seguidores. El
culto a Ma’at fue difundido desde Tebas y el límite sur de Kamet
(Egipto), hasta el Delta, donde se encontró una estela en la capital
ramesida que lleva inscrito el título de “Escriba del templo de Ma’at”. Otro
fragmento que da testimonio de la existencia de Ma’at como diosa fue
encontrado en la jamba de una puerta de la tumba del visir Paser a
manera de una fórmula de ofrenda. Más
aún Hornung señala el hecho de que muchos faraones incorporan a sus
nombres el elemento de Ma’at, en los cuales ésta era considerada como
diosa.[3] La
personificación de Ma’at como diosa se puede ver también en el
“Libro de los Muertos” de Ankhwahibre[4],
de la época tardía, siglo IV a.C., en donde el corazón del difunto es
colocado en uno de los platillos de la balanza y en el otro la figura
representativa de la diosa sedente, algunas veces se emplea el glifo: la
pluma de la verdad. Cualquiera que sea el diseño que use el artista, su
contenido es el mismo, el corazón debe ser tan ligero como Ma’at para
llegar a ser “el de palabra verdadera” o “el justificado” y
poder entrar al “reino de Osiris”. Esta
es la culminación de las metas de cualquier egipcio, una vez que la
región del inframundo quedó al alcance del pueblo en general. El
refinamiento de la técnica de la momificación ayudó a la esperanza de
vida eterna, desde el faraón hasta el último de sus súbditos. La
expresión de la vida en el más allá cambió a partir del Imperio
Antiguo[5],
algunos privilegios reales fueron adoptados en tanto que la momia era
asociada más estrechamente a Osiris, tales como el toado real llamado
nemes, el cayado y el flagelo, el espíritu divino
o Akh, la esencia espiritual o ka y el elemento espiritual
llamado ba. Era
tal el deseo de caminar por el “Campo de las Cañas”, que la
autojustificación delante de Osiris como juez de los difuntos y su
tribunal de cuarenta y dos deidades[6]
dio pie a que el difunto mencionase en dicha autojustificación que él
caminaba por los senderos de Ma’at empleando la fórmula conocida como
“la confesión negativa”, que aparece en el capítulo 125 del
“Libro de los Muertos”. La
idea conceptual de Ma’at también puede ser descrita como una
personificación de la diosa. Muchos templos egipcios tienen
representaciones de escenas de culto donde el faraón o en su
representación el Sumo Sacerdote, sostiene en sus manos elevadas una
estatuilla de Ma’at que presenta a una deidad creadora. En una de
estas representaciones Ramsés II, de la dinastía XIX, presenta a Ma’at
al dios Ptah[7],
la base en donde se encuentra el dios tiene también una forma que
corresponde a la diosa Ma’at. Esta
base es una representación del montículo primigenio que surge de las
aguas del caos. Textos del periodo Greco-Romano[8], establecen que Ma’at
descendió a la tierra en tiempos de la creación y su culto se difundió
tanto entre los dioses como entre los hombres. En
este contexto Ma’at puede ser vista como el orden correcto del cosmos,
un tiempo perfecto en donde la paz y el orden prevalecían en el
universo por lo que el caos fue subyugado. Este
sueño de perfección fue destrozado cuando la humanidad se rebeló
contra los dioses y el “Ojo de Ra”, en la manifestación de Sekhmet,
fue enviado a destruir a la humanidad. Atun-Ra se enterneció y paró la
matanza a través de un ardid: él engañó a Sekhmet haciéndola beber
vino coloreado de rojo ocre, de tal manera que parecía sangre; el
“ser poderoso” cayó en un sopor embriagante así el remanente de la
humanidad se salvó. De
esta forma la ofrenda de Ma’at a los dioses, como parte del ritual
diario en el templo, simboliza la unidad y la armonía dentro del
cosmos, como fue en el tiempo de la creación. La difundida presencia de
Ma’at dentro de los templos era la personificación del medio ambiente
de Kemet (Egipto) y por lo tanto el caos era negado. Este balance con el
universo se reflejaba en la respuesta de la humanidad a los dioses. La
aceptación de los dioses respecto al ritual del templo fue retribuido
por el regalo de Ma’at, en el cual el orden prevaleció sobre la
desunión y el caos, con la existencia de toda la creación, incluyendo
a los dioses, así el orden quedaba garantizado contra las fuerzas de la
negación y de la inexistencia. Esta
percepción conceptual de Ma’at pudo ser tomada en un período más
tardío como un régimen de regulación en que se forma el orden social
y el comportamiento de la humanidad. Para mantener la existencia en una
comunidad debe prevalecer la armonía, ya que el caos y la anarquía
hunden al pueblo, como en los periodos intermedios de la historia
egipcia. Si
la obra social está basada en un programa de conjunto de reglas y cada
uno entiende estas reglas, entonces dicha sociedad puede desarrollarse
cultural y económicamente. Cuando
los preceptos de Ma’at: orden, verdad y justicia son parte de la
sociedad, esos valores dictan el nivel de “rectitud del grupo” y
dicho nivel crece. La individualidad dio lugar a una monarquía basada
en sociedades, las cuales estaban jerarquizadas en una forma primitiva o
elemental. El lugar del individuo en esa sociedad estaba determinado por
el sexo, la edad, la fuerza y la productividad. En
la época protodinástica surgen culturas basadas en una sociedad
estratificada, la solidaridad horizontal queda dentro de una solidaridad
vertical primaria. La “Sociedad Estratificada” también desarrolla
el concepto de gobernante legítimo. En este contexto, Ma’at puede ser
vista como un regalo del faraón, el “representante de los dioses en
la tierra”, a sus súbditos. El pináculo de la jerarquía dicta
entonces al Estado lo que él considera “bueno para el Estado” y en
una sociedad estrechamente vinculada, esto constituye un gran bien para
un gran número de gentes. Esto puede no ser muy democrático en el
sentido moderno, pero los antiguos Estados-Reinos fueron muy eficientes
como unidades totalitarias. Por
lo tanto la sociedad egipcia reconocía al monarca muerto como Osiris,
nieto de Atum-Ra, en la antigua cosmología egipcia. El faraón reinante
era visto como el “Horus viviente”, el hijo de Osiris, justificando
su soberanía sobre Egipto a través de la legitimidad de nacimiento y
la fuerza de las armas. De
ahí se sigue que Ma’at, como una faceta del dios creador, es algunas
veces mencionada como el “Ojo de Ra”[9]
lo cual la convierte en parte integrante del monarca, divino gobernante
a través de la sucesión,
como se había mencionado anteriormente. El faraón es así capaz de
otorgar Ma’at o “verdad y justicia” usando Sia y Hu, dos de los
atributos de Atum-Ra cuando creó el cosmos. El orden en la sociedad se
mantiene por cumplimiento de los conceptos sociales de Ma’at,
semejante a los diez mandamientos de los israelitas, reglas básicas de
conducta que establecen, por ejemplo, “No robarás”. La
repetición cíclica de I) Ma’at siendo otorgada a la masa a través
del dios-rey II) El divino faraón ofreciendo Ma’at las deidades como
prueba de que la tranquilidad y el buen orden prevalecían en Kemet
(Egipto). III) La transferencia de Ma’at desde la deudad al “Horus
viviente” asegura la existencia y la motivación para existir a todos
los seres. En teoría esto es un ideal utópico, ya que en la aplicación
práctica esto es estropeado por el libre albedrío humano. Como Quirke
hace notar en “La antigua Religión Egipcia”, cuando Atum-Ra creó
el cosmos dividió al mundo en “tierra y agua”[10], lo cual implica crear
una bóveda para la tierra, una extensión acuosa del cielo. A
partir del aire, Shu, se formó la tierra seca, Geb, y a partir del aire
húmedo se formó el cielo acuoso, Nut. Shu representa la vida y el
“concepto de tiempo como una serie de eventos repetidos en ciclo
eterno”[11],
Neheh. Siendo Tefnet la antítesis de Shu, representa la decadencia o la
regla inexorable del cambio... una serie de eventos únicos en una sola
línea”, Djet. Si a la diferencia de la analogía dada por Quirke en
relación con Neheh y Djet como: “ciclos repetitivos de estaciones”
y “secuencia cronológica de tiempo representado como años
individuales y generaciones”, la interpretación de Neheh y Djet,
dentro de ese concepto de Ma’at, podría ser vista como un ciclo
constante de vida tendiendo hacia la unidad compacta, Neheh, y las
rupturas causadas dentro de la sociedad por uso indiscriminado del libre
albedrío, Djet. Siguiendo
esta premisa, el Imperio Antiguo podría ser un tiempo de Neheh, y el
primer período intermedio un tiempo de Djet. Por lo tanto se está
relacionando un aspecto cósmico con un aspecto histórico. La
preferencia de los antiguos egipcios por el equilibrio, la armonía y la
unidad, no sólo se contempla en el “reino de las dos tierras”,
“las dos coronas” “la dualidad de las dos diosas protectoras”,
sino que también aparece en su interpretación cosmológica. Los dioses
son casi siempre parejas, cada uno con su consorte o con su gemelo: como
Hathor y Sekhmet, ambas hijas de Atum-Ra y ambas con el epíteto de
“Ojo de Ra”, mientras que Sekhmet representa la destrucción, Hathor
es vista con los atributos benignos de sanación, como una diosa del
amor y complacencia y rara vez es dañina. Como
se dijo anteriormente, Tefnet también adquirió el epíteto de “Ojo
de Ra”, así como también lo adquirió Ma’at. La tesis que yo
propongo es presentarlas como iguales y opuestas, Sekhmet es destructiva
y Hathor constructiva. Tefnet
destrucción y cambio y Ma’at preservación y unidad, o vida y orden. Quirke
menciona a Ma’at como la primera hija de Ra y el equivalente de
justicia (o Ma’at), pero como he demostrado arriba Tefnet y Ma’at
son equivalentes pero también opuestas. Ma’at tiene mas en común con
Shu que con Tefnet y aún así a Ma’at nunca se le da un consorte. ¿Es
por esto que Adolf Erman vio a Ma’at como una “simple abstracción?. También
es posible que Ma’at sea Neheh y Tefnet Djet; Ma’at sería lo
existente y Tefnet lo no existente[12].
Así el “Libro de os Muertos”, en su capítulo 175, establece que
cualquiera que no sea declarado “de voz verdadera” o
“Justificado”, es decir que haya salido victorioso en el juicio de
Osiris, en la balanza de Ma’at caerá dentro de las profundidades y se
convertirá en “no existente”[13]. “El
mal es inherente al “no exisente”[14]
y por lo tanto estaba presente desde antes de la creación. Los dioses
no son responsables por “Isft”, el mal, pero Ma’at fue creada para
equilibrar cualquier ambivalencia. Si Isft, el mal, que representa la
descomposición y la anarquía, no es equilibrado por la acción de Ma’at,
el orden correcto y la estabilidad (unidad), la obra de la sociedad y la
regla de la ley se derrumbarán. Los preceptos de Ma’at pueden ser
encontrados en varios documentos llamados “Instrucciones”, tales
como las “Instrucciones de Ptahotep” y las “Instrucciones de
Amenenmope”, en donde los principios de verdad, orden, rectitud y
justicia están dados. La literatura sapiensal como esa y otras como la
de Merikare, Ani, Kagemni y Djedefhor, sostienen la unidad de la
sociedad por la negación de sí misma y la adquisición de humildad. Así,
una persona recta que conduce su vida por el camino de Ma’at, será
justificada en la muerte y existirá eternamente en la “Región de los
Muertos Bendecidos”. Aún
pensando que la literatura didáctica estaba básicamente dirigida a la
instrucción de los altos rangos de la sociedad, los elementos más
bajos debieron haber respondido a la cuestión social y a la cooperación
por el ejemplo de aquellos que tenían autoridad y también siendo
testigos del castigo público de los trasgresores, y/o por la instrucción
sacerdotal a partir de la religión del Estado. Así a través de una
osmosis en una sociedad estratificada los principios del comportamiento
social pueden ser transferidos verticalmente hacia los niveles más
bajos. Los
alumnos en las escuelas de escribas recibían consejos pragmáticos
acerca de cómo debían conducirse con sus superiores, colegas y
subordinados. Por lo tanto Ma’at puede ser vista, básicamente como un
control del Estado a través del ejercicio de la “Majestad Divina”.
Penetra la organización social de Egipto para amalgamar una sociedad
fuertemente vinculada, “el noble hato” quien vio a los extranjeros
como un agente de Isft, el mal, siendo elementos potencialmente
destructivos quienes pueden alterar el equilibrio de Ma’at. Un carácter secundario de Ma’at es su personificación, la cual materializa una idea abstracta, similar a la veneración del arca de la alianza que contiene los diez mandamientos. Vista en conjunto, Ma’at aplicado correctamente puede conducir a la estabilidad en el mundo material y asegurar la justificación, o salvación del alma, en un mundo espiritual. BIBLIOGRAFÍAHORNUNG
ERIC: “Conceptions of God in Ancient Egypt: the one and the many”.
Editorial:Routledge
& Kegan Paul 1982. QUIRKE
STEPHEN: “Translating Ma’at” J.E.A., 80,1995. A Review Discussion
of
Ma’at:
Gerechtigkeit und unsterblichkeit im alten Agypten by Jan
Assman. QUIRKE
STEPHEN: “Ancient Egiptian Religion” Editorial British Museum Press
1997. [1] Egiptóloga inglesa de la Universidad de Swansea, en el país de Gales, Gran Bretaña. Especialmente interesada en los aspectos religiosos y en las implicaciones cosmológicas. Alumna del Doctor Clive Broadhurst y el Profesor A.B. Lloyd. [2] Hornung página 74. [3] Op. Cit. Página 76. [4] E.A. 10558 [5]
Quirke. J.E.A. 80. 1994. [6] Probablemente una por cada Nomo. [7] Hornung página 215. [8] Op. Cit página 214. [9] Este epíteto es también aplicado a Hathor, Sekhmet y Tefnut. [10] Quirke. Página 28 [11] Quirke. Página 26. [12] Hornung. Página 176. [13] Hornung. Página 178. [14] Op. Cit. Página 178.
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