HOR-EM-HEB

1321-1295 a.C.

La tumba de Hor-em-heb, el sucesor de Ay, la descubrió en febrero de 1908 el joven egiptólogo británico Edwar  Ayrton, que trabajaba a las órdenes de Teodoro Davis, norteamericano rico y apasionado de la arqueología.  Hor-em-heb había servido en la corte de Amen-Hotep IV, había continuado en su puesto bajo Tut-anj-Amón y finalmente bajo las órdenes de Ay, antes de subir al trono él mismo.

Hor-em-heb, escriba real y general de los ejércitos, a quien se le había concedido también el título de erpa (príncipe) y a quién, en los tiempos de los ramésidas, se había considerado  descendiente directo de Amen-Hotep III, desde el punto de vista religioso es en esencia un enérgico restaurador del antiguo culto de Amón, y, desde el punto de vista político, un reestructurador de la administración provincial y de los cuadros de mandos militares.

Gran constructor (amplió el templo de Karnak, erigiendo los pilonos segundo, noveno y décimo, y demolió los templos de Atón con el fin de volver a usar los materiales), ordenó la construcción de una nueva tumba en el Valle de los Reyes, tal como pedía la tradición, aun cuando ya tenía su propia tumba de gran dignatario en Saqqara. Con Hor-em-heb termina tradicionalmente la XVIII dinastía, si bien, desde el punto de vista del derecho dinástico, ya había terminado varios decenios antes con Tut-anj-Amón, el último verdadero faraón de sangre real de la estirpe de los Amen-Hotep. Sin embargo, también puede decirse que con Hor-em-heb, que fue un faraón de transición, empieza la XIX dinastía, y su tumba parece reflejar este cambio importante.

En la cámara funeraria, a la cual se abren cuatro anexos laterales y un trasero, pueden verse un sarcófago grande que sigue en su sitio y, en una pared, una escena que recuerda la quinta división del Libro de las puertas, con la figura de Osiris, a cuya presencia son transportados nueve personajes. Uno de los aspectos más interesantes de la tumba de Hor-em-heb es que muchas decoraciones murales fueron interrumpidas en diferentes etapas de su realización y, por ende, dan una idea exacta de las técnicas que usaban los artistas de Deir el-Medina.

  En ciertos puntos los dibujos son simples bosquejos, y en otros pueden verse las cuadrículas que se emplearon para calcular las proporciones de las ilustraciones o las correcciones que hizo el jefe de los artistas, a la vez que en algunos vernos el comienzo de la labor del escultor en las incisiones hechas en la capa de yeso para obtener los bajorrelieves que luego se pintarían....

El hecho de que la tumba no estuviera terminada resulta todavía más insólito si tenemos en cuenta que Hor-em-heb había reinado durante no menos de veintiocho años, tiempo más que suficiente para completar la decoración de cualquier tumba, y casi os da la impresión de que todo ello se hizo a propósito, como si se quisiera dejar un mensaje.