MERENPTAH

1213-1204 a.C.

 

La tumba de Merenptah, hijo de Ramsés II y de la reina Isis-Nofret, conocida desde la antigüedad, está en un pequeño valle lateral que se abre al lado derecho del uadi principal a corta distancia de la enorme tumba de su padre , situada un poco más allá de la puerta de acceso al valle. La tumba, que a principios de siglo estaba llena de escombros, fue excavada en 1903 por Carter, que sólo encontró elementos escasos del mobiliario fúnebre. Este hipogeo, que es interesante desde los puntos de vista arquitectónico y decorativo, señala una evolución clara si se compara con el de Ramsés II y constituye un punto de transición entre las complejas tumbas de la XIX dinastía y las rectilíneas de la XX, con una disminución del número de cámaras laterales y un aumento acentuado de la altura de los corredores y las cámaras. La plana es sencilla e incluye tres corredores  -el central con una escalera- que conduce a la sala del pozo, situada enfrente de una sala con un anexo de dos columnas en el cual se encuentra la tapa del sarcófago exterior.

Un cuarto corredor lleva a un vestíbulo y desde allí a la gran cámara funeraria de forma rectangular, cuyo techo astronómico abovedado sostienen ocho columnas dispuestas en dos filas: en el centro está la impresionante tapa del sarcófago interior del rey, que tiene forma de papiro ornamental, es de granito rosa y descansa sobre una amplia cavidad del suelo que simboliza el llamado “pozo de la gestación”, que precede a la regeneración del rey difunto y a su posterior transfiguración.

 En lo que se refiere al programa decorativo del primer corredor, la primera escena muestra al rey en presencia de Ra-Hor-ajty. Hay luego pasajes de la Letanía de Ra, que continúan en el segundo corredor, donde aparecen también textos e imágenes relacionados con el Amduat, los cuales constituyen el tema del tercer corredor. Al adentrarnos más en la tumba y penetrar en la sala de las cuatro columnas, observamos que a los textos del Amduat los sustituyen el Libro de los muertos, a la vez que en las paredes de la cámara funeraria hay pasajes del Libro de las puertas. En su primera parte la tumba de Merenptah nos hace pensar en la impresionante tumba de su padre, en sus aspectos arquitectónico y decorativo, mientras que se diferencia mucho de ella en la segunda parte, donde se advierte una fuerte tendencia a la simplificación.

Asimismo, en lo que respecta a la decoración, observamos al principio bajorrelieves de elegante factura y luego el uso de técnicas menos complejas pero mucho más rápidas.

Es probable que la tumba refleje cierta ansiedad de Merenptah por terminar rápidamente la obra y también la conciencia de que su reinado sería inevitablemente breve. Merenptah subió al trono  al morir Ramsés II, ya mayor, toda vez que probablemente contaba unos setenta años de edad, y ordenó que se empezaran inmediatamente los trabajos de construcción tanto de su tumba como de su templo de los millones de años, tratando de acelerar al máximo su terminación. Además, en el curso de su reinado, que duró sólo unos diez años, no pudo ocuparse exclusivamente de sus monumentos personales, puesto que también tuvo que hacer frente a un ataque de los libios contra Egipto y sofocar un levantamiento de los nubios, con lo cual reafirmó la soberanía de Egipto y la fuerza del poderío faraónico y continuó la línea política de su padre.

 

  Con la muerte de este último gran faraón de la familia de los ramésidas, ésta, que ya estaba tocando a su fin, desapareció. Tras los breves reinados de sus sucesores (el oscuro Amenmés, de origen desconocido, su hijo Sethy II, Merenptah-Siptah y, finalmente, la reina Tausert), que en conjunto reinaron durante unos quince años, la gloriosa XIX dinastía abandonó el escenario de la historia de Egipto.